Calles de patios
sombríos
con puertas de
contra-chapa,
por el viejo barrio
de Gracia
paseaba con sombrero
y capa.
De un balcón de reja
labrada
donde cuelgan
esteladas,
dan la voz que ya se
acercan
manifestantes y
guardias.
Corriendo por Torrent
de L'olla
para salir a la
plaza,
me encontré frente
por frente
con un grupo que
gritaba:
¡Nosaltres som obrers
no som prisioners!,
¡Llibertat, amnistìa
estatut d'autonomìa!
Giré por la primera
calle
creyendo que era
prudente,
salirse de allí
corriendo
antes que hacerse el
valiente.
Me topé con cinco
grises
mas grandes que
aquella plaza
uno me cogió de un
brazo,
creí que me lo
arrancaba.
Ninguno pronunció
palabra
yo tampoco pude
expresarme,
solo note que de la
cabeza
sangre empezó a
brotarme.
Desde el primer golpe
supe
que me iban a dar
para el pelo,
cuando unas manos con
firmeza
me ayudó a levantarme
del suelo.
Miré al dueño de
aquellas manos
para darle gracias
por su ayuda,
viendo que quién me
había salvado
era mujer, y era una
hermosura.
"Gracias, -le
dije aún asustado-
no sé como le
agradecería,
la ayuda que me ha
prestado".
¿Podríamos vernos
algún día?
Allí empecé una nueva
vida
junto a la mujer que
me salvaba,
ya lo dice la
sabiduría popular:
"Bien está lo
que bien acaba".
Hasta el viejo barrio
de Gracia
mis pasos hoy me han
llevado,
y he vuelto a sentir
en la piel
las vivencias de mi
pasado.
Más no quedan patios
sombríos
Gracia ya no es lo
que antes era,
entonces los días
eran soleados
y siempre era
primavera.
Mi barrio amigo,
viejo Gracia
quién sabe si
volverán algún día,
a respirarse en tus
calles y plazas
el aire de tu perdida
alegría.
Vuelve a ser tu,
viejo barrio
reten la esencia que
de ti escapa,
que están deseando
pasear en ti
un sombrero y una capa.